Del Derecho internacional y la necesidad de las fuerzas armadas

Si nadie te obligara, ¿pagarías una multa de tráfico?, está claro que no todo el mundo lo haría. ¿Y por qué lo hacemos?, porque en última instancia nos obligan a pagarla por la fuerza.

Esta es la premisa de la que parte la existencia efectiva del Derecho. Si no existen mecanismos para obligar a cumplirlo, sencillamente no se cumple al menos en gran medida. Por tanto el derecho internacional como cualquier otra rama del Derecho no escapa a esta premisa.

Vayamos al pasado, imaginemos una de esas sociedades unifamiliares paleolíticas compuestas por unas pocas decenas de miembros. Normalmente cuando una se encontraba con otra suponemos que había intercambios económicos, de ideas, de personas, de tecnología, etc. Sin embargo es probable que no siempre fuera así y en ocasiones un grupo tuviera la tentación de hacerse con algo que los otros poseían.

Es por ello por lo que seguramente nadie bajaba la guardia y menos aún se desarmaba. También es posible que si el conflicto era inminente hubiera gentes de los respectivos grupos que trataran de evitar la contienda o que incluso otros grupos humanos acudieran a mediar, sin embargo todo esto podía fallar, y al fin y al cabo era sólo la violencia física, la oposición física, la que podía defender la sociedad unifamiliar. Por eso ninguna se desarmaba.

Regresemos al presente, imaginemos dos estados cualquiera en el que uno tiene ambiciones sobre el otro, es posible que ambos hayan firmado tratados internacionales vinculantes, es posible que puedan mediar tanto sus respectivos aliados como la comunidad internacional o incluso puedan dirimir la disputa sometiéndose al arbitraje de un tribunal internacional. Ahora bien si un estado está decidido a atacar militarmente a otro lo cierto es que la única forma de defenderse es utilizar la violencia física.

Sobra con recordar la Invasión de Polonia de 1939, las Malvinas en 1982 o Kuwait en 1991 entre otros muchos ejemplos.

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En agosto de 1990 el Iraq de Sadam Husein invadió Kuwait con el objetivo de hacerse con los recursos naturales del país vecino, el débil ejército kuwaití apenas pudo oponer resistencia

Lo cierto es que hemos avanzado pero al final el Derecho internacional sólo sirve en la medida en que estemos dispuestos a cumplirlo.

En última instancia los estados de hoy día se encuentran en la misma situación que las sociedades paleolíticas. Nos encontramos tan desprotegidos del arbitrio de la fuerza como una de aquellas sociedades paleolíticas, y es por ese motivo que se hace imprescindible mantener intactas nuestras capacidades de defensa en el terreno militar ya que sólo ellas nos pueden garantizar la defensa en último término.

A mi parecer sólo puede haber dos situaciones en que los países puedan mantener su seguridad y disolver sus fuerzas armadas paralelamente. O bien todas las fuerzas armadas del planeta, incluyendo cualquier fuerza armada de carácter no estatal, militar o paramilitar, se disuelven simultáneamente y de mutuo acuerdo, o bien se crea una única fuerza armada a nivel planetario y dirigida por un parlamento mundial. Ambas son propuestas irrealizables de aquí a varios siglos.

Es por todo lo expuesto que la disolución de nuestras fuerzas armadas no constituye hoy por hoy una alternativa realista en el estadio actual de evolución del Derecho internacional.

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